Teatro del Oprimido e Igualdad de Género
Planteamiento sobre la Igualdad desde el Enfoque Participativo
(...)
En resumen, describir desde fuera y desde arriba la desigualdad y la igualdad, supone una espectacularización de nuestras vidas y nuestros deseos. Los vemos desde la butaca. Consentimos por la sensación de recibir algo a cambio, que es que nos digan lo que pasa, así como ser destinatarios-as de políticas públicas. A nivel de creencias, nos encontramos entonces con la idea de que la des-igualdad es una cuestión que atañe a las instituciones y a lo normativo, y no a las personas ni a sus prácticas cotidianas, en la medida en la que a través de ellas se re-cree la cultura. Tirar fuera la responsabilidad/ posibilidad de cambio social deja maniatadas las oportunidades de dirigirlo desde las vivencias cotidianas, pero hace también que el marco legal favorable, así como otras formas aparentes de igualdad, den la sensación de que el trabajo ya está hecho; que hombres y mujeres tenemos la misma posición estructural, las mismas relaciones con respecto al capital y a la definición del mismo en todos los campos sociales.
En resumen, describir desde fuera y desde arriba la desigualdad y la igualdad, supone una espectacularización de nuestras vidas y nuestros deseos. Los vemos desde la butaca. Consentimos por la sensación de recibir algo a cambio, que es que nos digan lo que pasa, así como ser destinatarios-as de políticas públicas. A nivel de creencias, nos encontramos entonces con la idea de que la des-igualdad es una cuestión que atañe a las instituciones y a lo normativo, y no a las personas ni a sus prácticas cotidianas, en la medida en la que a través de ellas se re-cree la cultura. Tirar fuera la responsabilidad/ posibilidad de cambio social deja maniatadas las oportunidades de dirigirlo desde las vivencias cotidianas, pero hace también que el marco legal favorable, así como otras formas aparentes de igualdad, den la sensación de que el trabajo ya está hecho; que hombres y mujeres tenemos la misma posición estructural, las mismas relaciones con respecto al capital y a la definición del mismo en todos los campos sociales.
Desde esta uniformidad, la igualdad se
prepara para su consumo en contextos como los asociativos, en vez de ponerla en
práctica desde cualquier foco como apuntaría Foucault ([1977] 2009). La
sociedad se autogestiona como un gran mercado, en el que “el espectáculo marca
el momento en que la mercancía ha alcanzado la ocupación total de la vida
social (Debord, [1967]2005). Así, ocurre con la idea de igualdad lo mismo que
con otros objetos de la galería, que se publicitan desde la doble instancia
que controla al espectador en la medida en que lo mantiene en su condición de
tal. La doble instancia consiste en “la represión continua del deseo (:
201, 202). Así, la “libertad del deseo”, esto es, la sensación de que podemos
elegir entre las igualdades que nos ofrecen en los escaparates oficiales, consiste
en la ficción de que nos movemos hacia un fin; tener trabajo, tenerlo en buenas
condiciones, estar liberada, ser independiente, ser jefa, ministra, estrella de
cine o reina mundial. Movimientos ilusorios, al menos por dos motivos: por un
lado, el doble juego de “las creencias y los valores que hacen deseable una
determinada manera de ser hombre [ser mujer] aunque tornan escasos los
medios requeridos para alcanzar estas metas de socialización” (Mandly,
1996:99). Por otro, la igualdad dentro de la desigualad, es una forma de marketing que nos despista y nos hace
pensar que mientra que algunas sean un poco más iguales, todo está yendo bien.
Así, “el consumidor interioriza en el mismo acto de consumo, la instancia
social y sus normas” (Braudillard, [1968] 1990:199), de manera que cuando
deseamos que las mujeres seamos iguales a los hombres, estamos asumiendo el
patriarcado desde el capitalismo, como si fueran sistemas distintos, o como si
fuera posible “articular desde una estructura desigual la superación de la
desigualdad misma” (Zurita, 2008:107).
Con
todo lo dicho, nos movemos entre dos certezas: es tan necesario que las mujeres
tengamos acceso a los recursos, como replantearnos el significado de los
mismos. ¿Es posible la síntesis entre estas dos posturas? Pensamos que sí, que
se puede plantear líneas paralelas, de manera que no sólo no son excluyentes,
sino que se refuerzan.
Esta
etnografía se propone desde otro enfoque, respondiendo en principio a dos
inquietudes: la primera, revisar los sentidos emitidos desde las instancias
oficiales sobre palabras como participación, trabajo, necesidades sociales,
bienestar social, salud, educación, conocimiento, cultura, creación, arte,
desarrollo, igualdad, etc., y renombrarlos desde las personas a las que se
dirigen las políticas, en este caso de “Igualdad”. Con ello ubicamos el enfoque
desde el cual vamos a trabajar desde el interior de las experiencias vividas,
para, desde ahí, apropiarnos como sujetos
y dirigir los cambios sociales.
La segunda, prestar atención
no tanto a lo cuantitativo, es decir, a la cantidad de mujeres que se sitúan en
posiciones más privilegiadas dentro de las jerarquías sociales, económicas,
políticas, culturales, simbólicas, sino al cuestionamiento de la propia
existencia de las jerarquías sociales y de valores, así como de cualquier
relación de dominación, pensando que “el poder se ejerce desde innumerables
puntos” (Foucault, [1977] 2009:99).
Por todo ello, la forma de
investigar-actuar ha sido de manera global, es decir, tratando de dar cuenta de
los vínculos entre distintas opresiones, intentando no escindir el género
(asociado a su vez a la mujer) de la igualdad en sentido amplio, mirando las
formas de relación, la cultura y la vida cotidiana, desde el interior de las
prácticas sociales. La elección del TOcomo herramienta responde a esta
“curiosidad” de conocer cómo hombres y mujeres del municipio definían la
desigualdad desde su propia experiencia, así como qué alternativas plantean,
cuáles son de hecho sus políticas diarias; “asumir el lugar en el que las
personas viven (…) porque ese lugar es su cultura” (Mandly 1996: 90).
Respecto
al objeto de estudio, la practica de TO aplicado a la igualdad, aporta un giro
en la visión de la misma:
- Por un
lado, somos sujetos de igualdad, no objeto de políticas públicas. Con
ello:
Tenemos voz.
Tenemos voz legitimada para definir
nuestra propia situación.
Tenemos voz legitimada para definir
nuestra necesidad de cambio.
Tenemos voz legitimada para definir las
alternativas a la situación que se desea transformar, así como las estrategias
a poner en juego para tal fin.
- Por
otro lado se contempla la igualdad como valor y como práctica, es decir,
como modo de relación. De manera que no sólo es importante pertenecer a
las estructuras, sino cuestionar la cualidad de estas estructuras.
Comenzaremos el estudio preguntándonos
qué es desigualdad y lo terminamos respondiendo con otra pregunta, ¿qué es
participación? Desde la perspectiva que nos da esta etnografía, podemos decir
que participación es comprender que nos encontramos dentro de un proceso de
aprendizaje mutuo, en el que es necesario poner en valor todos lo saberes, o
como dice mi madre, la “igualdad no es que todos seamos iguales, sino que todos
merecemos el mismo respeto”. Para ello, el esfuerzo mayor de la participación
es reconocer, valorar y potenciar los contextos donde esto es probable y
reconstruir o cuestionar otros donde no lo está siendo.
(NOTA) El presente epígrafe “Teatro del Oprimido e
Igualdad de Género” tiene como referencia la descripción etnográfica del
estudio “Relaciones de género y
Representación. Investigación y Acción a partir del Teatro del Oprimido”. Nos basamos en la observación exhaustiva de la
práctica del Teatro del Oprimido en entidades de formales pro igualdad,
realizada en el marco de la etnografía “Relaciones de Género y Representación.
Investigación y Acción a partir del Teatro del Oprimido”. No obstante en
ciertos puntos constatamos la
transferencia de esta descripción para otros espacios formales tales como los
centros de enseñanza, asociaciones sociales, o escuelas de teatro. A su vez,
podemos extrapolar estas consideraciones a encuadres tanto de intervención
socioeducativa como de formación.
"Actuando en el Templo de Vesta. Teatro Social, Teatro de lxs Oprimidos, Teatro Foro" Patricia Trujillo López. Ed. Neret, Barcelona 2018 (2ª Ed.)

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